Univisión y Televisa en Franca Confrontación

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Análisis

Diariamente, ante sus aparatos de televisión, los hispanos de Estados Unidos disfrutan de telenovelas, noticieros, programas humorísticos, deportes y los populares "talk-shows", que ofrecen las dos grandes cadenas en español, Univisión y Telemundo. Durante los últimos meses, la primera de ellas ha dado señales de estar al borde del divorcio con su aliado más cercano, el poderoso imperio mexicano Televisa.

Recientemente, Univisión contrademandó a Televisa por intentar sabotear sus operaciones, en lo que parece ser una respuesta a una acción legal emprendida por el consorcio mexicano por un millón y medio de dólares, en busca de compensación por una presunta violación del contrato entre ambas empresas, que tiene que ver con el pago de regalías de los programas que la firma mexicana suministra a la mayor cadena de televisión hispana de Estados Unidos.

En mayo pasado, la confrontación subió de temperatura cuando Televisa abandonó la mesa directiva de Univisión.

¿Cuán importante puede ser esta polémica entre empresas para el televidente hispano? Muy importante. Televisa es el principal proveedor de telenovelas que aparecen en la programación de Univisión, y de un número notable de programas humorísticos y musicales.

De lejos, la cadena Telemundo observa la controversia con los dientes afilados. Si Televisa cambia la programación que entrega a Univisión, Telemundo podría salir beneficiada hasta cierto punto, sobre todo ahora que es propiedad de General Electric, Universal Studios y NBC, un potente conglomerado mediático.

Univisión y Telemundo se disputan alrededor de cuatro mil millones de dólares destinados por la industria de la publicidad, al mercado hispano de Estados Unidos.

Expertos en la televisión hispana señalan que la controversia comenzó el año pasado cuando el magnate y arquitecto de Univisión, A. Jerrold Perenchio, de 74 años, nombró a su amigo y mano derecha Ray Rodríguez, presidente y director ejecutivo de la cadena, sin consultar con sus socios de Televisa y de la cadena venezolana Venevisión, del Grupo Cisneros.

En principio, las declaraciones de Televisa fueron suaves, enfatizando únicamente que Univisión es una compañía pública, con accionistas, que debe ser administrada de otro modo.

El poderoso presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, dijo en una entrevista al respecto que "el Sr. Perenchio es un buen director ejecutivo, pero maneja (Univisión) como si fuera una compañía privada".

Otras opiniones revelan que Azcárraga Jean, de 37 años, ambiciona colocar su imperio dentro de Estados Unidos, algo que se le negó a su padre Emilio Azcárraga Milmo en 1986, cuando se aprobó una ley que prohibía a radiotelevisoras extranjeras poseer más del 25 por ciento de las acciones de un medio de ese tipo en este país.

Pero el enfado de Azcárraga Jean cuando supo que Perenchio había nombrado a Rodríguez sin consultarlo, realmente alcanzó niveles de escándalo, al punto de que prohibió a 23 estrellas de Televisa participar en el popular Premio Lo Nuestro, que anualmente concede Univisión. El comediante Eugenio Derbez, que iba a ser el presentador del evento, no pudo asistir.

El contrato entre Univisión y Televisa obliga a la segunda a suministrar programas a la primera hasta el año 2017, es decir, a lo largo de los próximos 12 años. Sólo en 2004, esa programación tuvo un valor de 105 millones de dólares en derechos y regalías.

Sin embargo, algunos analistas creen que Televisa tiene el derecho, o al menos la alternativa, de decidir qué programas entrega a Univisión, con lo cual, si Televisa entra al mercado de medios en español de Estados Unidos, esto podría significar para Univisión la pérdida de las telenovelas y los programas más populares que ahora ofrece de manera exclusiva.

"Nada indica que Televisa tiene la obligación de ofrecer a Univisión las telenovelas más populares que se producirán en el futuro, protagonizadas por sus famosos actores, ni poner a su disposición estrellas mexicanas que ahora aparecen en programas producidos por Univisión, como "Sábado Gigante", "El Gordo y la Flaca", "Despierta América" y otros", dijo a Contacto News Service un productor de Televisa que pidió no ser identificado.

"Muy bien podría entregar material de segunda y reservarse para sí lo mejor, si tiene planes de entrar al mercado de Estados Unidos", agregó el productor.

Perenchio, que no habla español, sólo es dueño del 11.5 por ciento de las acciones comunes de Univisión, pero los estatutos de la compañía le permiten tener valores con supervotos en la junta directiva, equivalentes al 56 por ciento, con lo cual el control absoluto está en sus manos. El Grupo Televisa es propietario del 10.9 por ciento de las acciones de Univisión.

En mayo de 2004, durante una reunión con estudiantes en Monterrey, México, Azcárraga Jean manifestó su deseo de comprar más acciones en Univisión y de hacerse ciudadano de Estados Unidos.

"Una de las posibilidades que existían para controlar Univisión era que yo me volviera americano, que es una posibilidad que existe y que está ahí", dijo entonces.

Hacerse ciudadano de Estados Unidos requiere que la persona interesada haya vivido cinco años ininterrumpidos en el país. Un capítulo poco conocido de la ley de ciudadanía establece que el aspirante no puede haber salido de este país por espacio de seis semanas en esos cinco años.

Otro punto para su ciudadanía norteamericana fue objeto de rumores: su esposa mexicana Sharon Fastlicht, de la cual se decía era estadounidense.

El joven magnate personalmente se encargó de desmentir el rumor: "mi esposa no es americana, como se ha dicho".

Aunque Perenchio ha dejado claro que no tiene planes de ceder su poder, algunos expertos creen que la guerra entre ambas empresas podría producir sorpresas.

"Televisa quiere más acciones en Univisión; Perenchio se siente protegido en su privilegiada posición, pero si Televisa encuentra una fórmula para retirar programación estelar y debilitar con ello a Univisión, tal vez así podría encontrar la manera de conseguir esas acciones", narró un directivo de finanzas del mundo de las comunicaciones que también pidió el anonimato.

El poder de Azcárraga Jean en México es legendario, y con su habilidad ya convenció a muchos de que es capaz de regir su imperio sin las sombras de su padre, Emilio Azcárraga Milmo, de quien heredó la empresa, y de su abuelo Emilio Azcárraga Vidaurreta, fundador del Grupo Televisa. Al joven empresario se le atribuye haber diluido la firma de televisión por satélie DirecTV, con lo cual su empresa competidora Sky saltó de 940 mil suscriptores a un millón 183 mil; obtuvo permisos para operar 65 casas de apuestas y transmitir el juego en televisión abierta; se opuso férreamente a la entrada de Universal NBC Telemundo a México; recibe el 25 por ciento de la publicidad del gobierno federal y el 59 por ciento de otras instituciones federativas; su Editorial Televisa controla 281 publicaciones registradas en la Dirección General de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación; es dueño de tres equipos de fútbol de la primera división; y aunque es el último en la lista de los más ricos de México, de la revista Forbes, se calcula que su fortuna personal es de mil 600 millones de dólares.

Azcárraga Jean, piensan muchos, tiene todo el tiempo del mundo frente a Perenchio, quien asegura sentirse como un hombre de 47 años y no de 74, pero la realidad es que el joven mexicano tiene muchos años menos.

Sin embargo, el agua podría no entrar al barco por esos puntos, si no por el del venezolano Gustavo Cisneros, de 49 años, magnate del Grupo Cisneros, socio de Azcárraga Jean en Univisión, y también ofendido por la intransigente postura de Perenchio. Cisneros es ciudadano de Estados Unidos, a donde trasladó casi todos sus negocios, y es poseedor de la fortuna número 24 en todo el mundo, calculada en cinco mil millones de dólares.

Por lo pronto, podría decirse, Univisión y Televisa apenas se saludan y, por supuesto, no se hablan.

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