Rosa Lowinger y Ofelia Fox, autoras de "Tropicana Nights" (Contacto News Service)


"Tropicana Nights", la Historia del
Legendario Centro Nocturno Habanero


Por CAROL VALDIVIA

En pocos meses estará a la venta "Tropicana Nights - The Life and Times of the Legendary Cuban Nightclub", un libro escrito por la periodista Rosa Lowinger y la maestra y autora teatral Ofelia Fox, viuda del propietario y fundador de Tropicana, Martín Fox.

El libro, de 368 páginas y un bloque de 16 páginas con fotos en blanco y negro, fue editado por Harcourt con traducción de Trident Media Group.

Sobre todo Fox, vivió de primera mano las noches fabulosas del Moulin Rouge cubano, trabajando hombro con hombro junto a su esposo, con quien contrajo matrimonio en 1952. Ambos salieron de Cuba rumbo a Miami en 1962 dejando atrás las noches con los más populares artistas cubanos de las décadas de los 40 y 50, y con mitos entonces vivientes como Nat "King" Cole y Josephine Baker.

Lowinger, destacada periodista especializada en arte, ha escrito para varias revistas como Sculpture, ArtNews y Latina. Es autora también del ensayo "Repairing Things" sobre la preservación del arte. Vive en Los Angeles.

La salida de la versión en inglés del libro está programada para el 3 de octubre próximo, con un precio sugerido por la casa editora de $26.00. Las autoras esperan que el texto pudiese aparecer en español en un futuro cercano.

Fox, que vive en Glendale, California, tuvo el siguiente diálogo con Contacto News Service acerca del libro y de sus días en Tropicana:

¿Qué fue realmente Tropicana?

_ En una vibrante ciudad donde las noches estaban llenas de vida, donde se desbordaba el bullicio que proporcionaban los centros nocturnos; donde se podía disfrutar desde los más espectaculares cabarets hasta los más modestos lugares con el mismo entusiasmo...en una ciudad que se comparaba con París, Tropicana era el centro nocturno predilecto de cubanos y turistas extranjeros. Sus anuncios declaraban cándidamente que Tropicana era "un paraíso bajo las estrellas" - indudablemente lo era. Costó una verdadera fortuna convertir la mansión "Villa Mina" en uno de los cabarets más lindos del mundo...quizás el más lindo. Martín, mi esposo, declaraba públicamente que mientras otros empresarios amigos invertían su dinero en otras aventuras y a veces en el extranjero, él lo invertía todo en Tropicana.

¿Qué se propone este libro?

_ Mucho antes de conocer a Rosa Lowinger yo había comenzado un manuscrito en español. Pensaba que era hora de que la historia fuese contada por quien la vivió, y no por alguien que la oyó o se la imaginó. Y siempre quise que se le reconociera a Martín su gran mérito como hombre de negocios, como cubano que vivía enamorado de su patria y aun más enamorado de Tropicana. A mis manos llegó un librito publicado en Cuba. Y pena me dio leer que yo soy china y que Martín murió de cáncer en Chicago. Ni soy china, ni Martin murió de cáncer. Ni murió en Chicago. Por desmentir tantas cosas es que me sentí tan honrada cuando se presentó la posibilidad de colaborar con Rosa Lowinger, una gran escritora y honesta periodista. Creo que juntas hemos dicho todas las verdades que queríamos decir sobre Tropicana, sobre la vida de Martín y sobre la mía.

Se dice que muchos casinos y night clubs cubanos eran controlados por la mafia, pero no Tropicana. ¿Cuál es la verdad de todo esto?

_ Mientras otros casinos y cabarets en Cuba eran, unos propiedad directa y otros administrados por reconocidos miembros de la mafia, Martín era el único dueño de Tropicana y lo corría con la ayuda de su hermano Pedro, que estaba encargado de la cocina y sus leales amigos Alberto Ardura, que estaba a cargo de los espectáculos y Oscar Echemendía que era el administrador general.

Ocasionalmente Tropicana empleaba personas que estaban relacionadas con la mafia. Se hacía esto, tratando de estimular el patrocinio de los jugadores fuertes norteamericanos y lógicamente esos contactos implicaban que teníamos relaciones cordiales (y algunas yo diría que hasta amistosas) con miembros de la mafia, pero ninguna de esas personas ejercía influencia ni tenía participación en la propiedad de Tropicana.

Una anécdota imborrable de los días en Tropicana.

_ Tengo tantas anécdotas y recuerdos como para llenar otro libro. Pero me voy a limitar a una historia, poco común que solamente de una forma indirecta tiene que ver con las celebridades que visitaron el cabaret y mi mesa. Una noche tuve invitado a un príncipe africano. En el curso de la requerida conversación expresé mi admiración por los animales de su continente. Bueno, cuál no sería mi sorpresa cuando un mes después llegó a nuestra casa un cachorro de león. Bellísimo. Logré que me mandaran de Cuba algunas fotos suyas. Se llamaba Sunán y yo lo sacaba a pasear en mi convertible hasta que tuvo el tamaño de un perro pastor alemán. Al fin hubo que donarlo al Parque Zoológico, pero ya esa es otra historia.

Nota.- Para comunicarse con las autoras, se pueden enviar mensajes a tropicananights@yahoo.com

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