Periodismo y Mercado



Años después del fin del periodismo ideológico, persisten aún las acusaciones de imparcialidad contra muchos medios de comunicación social. Cuando comenzó la más reciente campaña militar en Irak, la izquierda arremetió contra la prensa estadounidense calificándola de parcial y pro-Bush. Sin embargo, ya en los laberintos de la guerra, cuando esos mismos medios daban una amplia cobertura al pintoresco ministro de Información de Sadam Husein y mostraban los primeros muertos civiles, la derecha estadounidense los acusaba de antipatrióticos.

Hace casi 20 años, un talentoso equipo del diario The Miami Herald ganaba el Premio Pulitzer por su investigación y divulgación de lo que más tarde se conoció como el escándalo Irán-contras. Se había revelado que el gobierno del entonces presidente Ronald Reagan "traficaba" armas desde el Medio Oriente para ponerlas en manos de los guerrilleros antisandinistas de Nicaragua, con el fin de burlar una prohibición del Congreso de Estados Unidos de armar a esos grupos. La derecha acusó de inmediato a la prensa de liberal e izquierdista. Lo mismo ocurrió a principios de los 70 cuando dos reporteros del Washington Post ponían al descubierto el escándalo de Watergate, que produjo la renuncia de Richard Nixon.

Pero a principios de la década pasada, la derecha no hizo acusación alguna contra la prensa norteamericana por revelar el escándalo Clinton-Lewinsky, mucho menos por el énfasis que se puso en el hecho de que el presidente Bill Clinton había mentido bajo juramento, delito por el que hay muchas personas en las cárceles de Estados Unidos. Fue entonces la izquierda la que hizo una mueca a los medios de comunicación.

La moraleja de todo lo anterior parece ser simple: la sociedad conoce muy poco el conflicto que viven muchos comunicadores respecto a la necesidad de cumplir con su deber informativo o satisfacer las demandas del mercado al que se dirigen.

Muchos conservadores califican al L.A. Times de periódico de izquierda, mientras que la izquierda más militante lo acusa de estar hacia la derecha. La realidad es que el L.A. Times es un diario que trata de parecerse a la ciudad de Los Angeles, que es donde circula. Los Angeles, ciudad y condado, es un región liberal moderada. Si el Times no es liberal moderado, perece.

Por su parte, el San Francisco Chronicle tiene la obligación de estar hacia la izquierda porque San Francisco es una ciudad así, y el Orange County Register tiene que ser conservador porque así es el condado de Orange, California, donde circula. Después de todo, hay algo de democracia en esto.

Las cadenas de televisión en Estados Unidos sí tienen una proyección nacional, de costa a costa, y juegan de acuerdo con las circunstancias para tener al gran mercado de su parte. Los ratings de Fox News subieron muchísimo durante la guerra de Irak, cuando esa cadena trató de colocarse en una postura "patriótica" porque el 70% de los estadounidenses respaldaba la campaña militar y a Bush. Meses después, ese esquema no funciona exactamente igual.

En este "sandwich" ético y mercantil se debate la comunicación social de hoy día. Los nuevos manuales de mercadotecnia insisten en que hay que dar al cliente lo que éste quiere, no exactamente lo que necesita, especialmente si no sabe lo que necesita. De otro modo, la competencia cumplirá ese rol y nos dejará fuera del negocio.

En los viejos tiempos, se entendía muy bien que la cobertura periodística debía tomar en cuenta seriamente los acontecimientos que afectaban la vida de muchos seres humanos. Hoy, el escándalo de las acusaciones contra Michael Jackson parece ser más importante por acá, que el estado de la economía, las próximas elecciones o la seguridad nacional.

¿Es esto bueno o malo? Sin duda alguna es malo. Muy malo. Pero es mejor que el periodismo de trinchera o el sensacionalista, que hacían muy poco honor a la verdad en el mejor de los casos, y en el peor se usaba - en algunos países se usa todavía - para mentir. Muchos periodistas han muerto o están en la cárcel por tratar de romper ese esquema en ciertas naciones.

Pero seamos realistas. La batalla de los medios por informar lo que es verdaderamente importante, radica muchísimo en la educación de la sociedad. Los moldes con razgos hollywoodenses quizás no son tan atractivos en Suecia o en Alemania. Una sociedad educada exige una información sólida, documentada, seria.

Cualquier sociedad es hoy más educada que hace 50 años; tal vez en el próximo medio siglo lleguemos a un nivel de educación en el que los ratings y la información seria sean compatibles.



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