Lo Hispano en la Era de la Información

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR

En la última década, Internet y la televisión por satélite han producido un nuevo fenómeno de comunicación social que, en alguna medida, coloca a la defensiva a los medios informativos en español de Estados Unidos.

Más de catorce millones -muy pronto podrían ser 20 millones- de latinos que viven en este país están conectados a Internet, desde su casa, su oficina o su escuela. Sólo DirecTV para Todos, que ofrece televisión por satélite, ha conseguido 120 mil nuevos televidentes en español en el primer trimestre de 2005. Dish Latino tiene sus propias ofertas.

Como sabemos, cualquier medio de comunicación latinoamericano está hoy día en Internet, especialmente aquéllos que los inmigrantes solían disfrutar en sus países de origen.

Desde los grandes medios mexicanos como La Jornada, Reforma, El Universal y la revista Proceso, hasta El Tiempo de Bogotá, la revista peruana Caretas, y el diario La Tercera de Chile, por mencionar sólo algunos, así como nuevos medios del tipo de los buscadores/portales Google, Yahoo, Terra y otros, presentan una amplia gama de noticias en la red, a cada minuto.

Por su parte, DirecTV ofrece 50 canales en español, entre ellos, las cadenas Caracol, de Colombia, Ecuavisa, de Ecuador, WAPA-América, de Puerto Rico, Telefe Internacional, de Argentina, TVE Internacional, de España, y versiones en español de CNN, Discovery y HBO. A través de DirecTV, los televidentes de la costa oeste de Estados Unidos pueden ver a las 3:30 de la tarde, los noticieros de Univisión y Telemundo, que regularmente se transmiten en esa región a las 6:30 de la tarde. Además, pueden estar en sintonía con la programación de CNN en Español las 24 horas.

No por gusto nuestra época es ya conocida como "la era de la información". El flujo informativo que llega por todas las vías al hispano que vive en Estados Unidos es, sencillamente, abrumador.

No estamos hablando solamente de lo que el hispano lee en los periódicos, en las revistas y en Internet, y de lo que ve y oye en los noticieros de radio y televisión. Hay que tomar en cuenta también que los mensajes publicitarios pagados son fragmentos de información relacionada con el consumo de bienes y servicios, que están igualmente en los medios informativos, y además en los carteles de las autopistas, los autobuses, las paradas del transporte público y en la descomunal cantidad de correspondencia promocional que se recibe en la casa.

Como punto final, por lo menos hasta el próximo invento, los teléfonos celulares tienen ahora la capacidad de dar acceso al mundo noticioso de Internet y al correo electrónico, así como a la toma y transmisión digital de fotos. Es decir, algo más en que emplear el tiempo.

Desafíos para los Medios Hispanos

De manera que si usted es el editor de un periódico en español en Estados Unidos, quizá se está preguntando ahora mismo cómo es posible mantener a su lector con la vista fija en las páginas de su medio. Si no se lo ha preguntado, sería una buena idea hacerlo ahora, antes de que el lector decida emplear el tiempo que dedica actualmente a su medio, a leer por Internet o ver en la televisión por satélite lo que es de su interés. O simplemente a divertirse con las múltiples alternativas de ocio que ofrece "la era de la información".

Parece ser que han quedado atrás los días en que era posible satisfacer al lector publicando una vez por semana, tal vez el jueves, una noticia de dos días atrás. De hecho, muchos hispanos van a Internet al mediodía desde su oficina, para enterarse de lo que ocurre en su esfera de intereses antes de que el noticiero de las seis de la tarde se lo informe. También han quedado atrás los días en que la competencia estaba sólo en la ciudad sede del medio. Ahora la competencia se produce a nivel global, porque el tiempo es oro e Internet está ahí robando ese tiempo precioso del lector.

Los desafíos que plantea "la era de la información", especialmente a las pequeñas publicaciones hispanas, son cosa seria. No entenderlo podría tener efectos catastróficos.

Ofrecer una solución inmediata y mal razonada a los retos de la época, sería correr los riesgos propios del facilismo y de su hermana gemela, la mediocridad, con el peligro de la bancarrota. En realidad, en momentos como éste, en el pasado, cuando por ejemplo nacieron la radio y la televisión como competencia feroz de los diarios, la solución fue ir en busca de un contenido único y original. Algo que no se pudiese leer en ninguna otra parte.

A principios de la década de los años 70, la formidable investigación que hizo el Washington Post del caso Watergate, permitió al rotativo capitalino doblegar a las cadenas de televisión de Estados Unidos y al New York Times, que era toda una leyenda.

Lo mismo ocurrió en la ciudad de México con el nacimiento de la revista Proceso y el diario La Jornada, hace décadas, en una época marcada por un periodismo aburrido y oficialista. Años después, la llegada del formidable diario Reforma, igualmente transformó el panorama periodístico mexicano.

En Miami, asimismo, la salida de El Nuevo Herald cambió el rumbo de la información en cuanto a los temas locales, nacionales y latinoamericanos, tal como se habían percibido hasta entonces en esa ciudad.

En todos los casos, los ingredientes fueron la imaginación y la audacia, ejercidos con mucho profesionalismo.

Periodísticamente hablando, no hay fórmulas mágicas para atrapar al lector. Sólo una interpretación correcta de lo que el lector desea saber, que no siempre es igual a lo que necesita saber -y esto es otro dilema-, creatividad y trabajo duro, podrían permitir la supervivencia en tiempos de competencia. Porque nada sustituye al contenido original, que contribuye a edificar la personalidad específica de un medio de comunicación social. Esa personalidad única, interesante, es el arma más poderosa, todavía hoy, en "la era de la información".

(Hernández Cuéllar es director de Contacto News Service y Contacto Magazine. Ha escrito sobre temas hispanos de Estados Unidos desde 1984, entre otros medios, para la agencia internacional de noticias EFE y el diario La Opinión de Los Angeles, del cual fue editor metropolitano. Como instructor de los programas de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA, entre 1991 y 1993, fomentó el debate sobre los valores de la comunicación social dirigida a la comunidad latina. No ha dejado de hacerlo desde entonces).

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