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El
Autismo, una Enfermedad en Aumento
Por ALEIDA DURAN
Si el niño ya tiene un año y no habla, no enfoca
la vista ni mira a los ojos; quizás aletea las manos
o se balancea constantemente, no reacciona a las caricias
o éstas le molestan. Si parece indiferente al mundo
que le rodea, o muestra ciertas manías, es prudente
consultar a un experto: estos son algunos de los síntomas
del autismo, un severo desorden infantil que se desarrolla
antes de los 3 años, pero no es diagnosticable hasta
los 6 meses de vida de la criatura.
El autismo es un desorden neurológico caracterizado
por incapacidad para el lenguaje, sobre todo un lenguaje coherente,
y para establecer contacto con las demás personas,
incluyendo a las más cercanas. El niño muestra
un comportamiento "extraño": ausente, centrado
en sí mismo, apegado a una rutina. Cerca de la mitad
de ellos son mudos y cuando se les enseña a hablar,
por lo general repiten mecánicamente las palabras que
han oído. Son demasiado tranquilos o, por el contario,
hiperactivos hasta parecer "malcriados".
Las lista de características del autismo es amplia
y no siempre son las mismas en cada afectado. Incluye apariencia
física atractiva, muy lejana al aspecto del retardo
que identifica, por ejemplo, a quienes sufren el Síndrome
de Down. Los autistas tienen un patrón desigual de
desarrollo, fascinación por los objetos mecánicos,
confusion entre los pronombres "yo" y "tú".
Algunos carecen de control sobre sus esfínteres, músculos
para controlar los deseos de ir al baño.
Tres de cuatro autistas sufren retardo mental más o
menos severo. Algunos son epilépticos y muchos de ellos
padecen crisis de violencia, especialmente en la adolescencia.
Se sabe que es genético, pero según el psiquiatra
infantil Dr. Steven Morrison, hasta el momento se desconocen
las causas que lo producen, por lo que no hay un examen médico
para determinar el autismo.
"Un pediatra, psiquiatra o psicólogo experto compara
la conducta del niño con una gama de características
comunes a grupos de afectados, para saber si hay similitudes
con el criterio autista. Se estima que hay 400,000 niños
y adultos en los Estados Unidos con alguna forma de autismo.
Es más común de lo que se cree y constituye
un apremiante problema de salud pública", señala.
Para desarrollar el potencial que el pequeño pueda
tener, ya sea amplio o limitado, es necesaria la atención
de un centro especializado, o de un experto en el entrenamiento
y tratamiento, aconseja el Dr. Morrison.
De acuerdo a The Merck Manual, en un examen del cociente de
inteligencia (IQ), aplicado por un especialista, el autista
puede demostrar mayor capacidad en el funcionamiento que en
la expresion verbal, y también áreas de desarrollo
acordes con su edad cronológica, o superiores. El autista
puede tener una gran habilidad para dibujar, o para las matemáticas,
o una memoria prodigiosa. Pero mostrar retardo en las otras
áreas.
Los niños con un IQ 50 tienen casi uniformemente un
pronóstico pobre, mientras que alrededor de la mitad
de aquéllos con un coeficiente de inteligencia más
alto pueden desarrollarse moderadamente bien. El pronóstico
es fuertemente determinado por la cantidad de lenguaje con
sentido que el niño autista es capaz de usar a los
siete años. Por eso es importante un diagnóstico
temprano.
A principios de la década de 1970 el autismo era prácticamente
desconocido. Cuando el pediatra de Johnny decía que
"todos los niños no hablan a la misma edad",
su madre, Irma Lorenzo, sabía que algo no andaba bien
con su hijo. Tenía un aspecto normal pero a los tres
años sólo emitía sonidos guturales y
tenía una conducta "extraña". Ella
misma tomó cartas en el asunto: pasó largas
horas enseñándolo a hablar, investigó,
y encontró una escuela para niños especiales.
El niño aprendió rápidamente. Hoy, a
los 30 años, vive en un centro para autistas, tiene
un empleo supervisado, es capaz de sostener conversaciones
sencillas, dibujar, y mostrar afecto por su madre.
"Es inteligente pero tiene limitaciones, como todos los
autistas", dice Irma. "Cuando era niño llegó
a tener 18 carritos, todos de color rojo. Ahora puede repetir
una y otra vez la misma pregunta".
Anita, una niña preciosa, todavía usaba pañales
a los cuatro años, no hablaba pero se hacía
entender de su madre por medio de sonidos guturales.
"Yo no sabía nada de autismo, y no me daba cuenta.
¡Ella es tan linda y tan cariñosa!, comenta la
madre, María Bueno.
Además de una fuerte relación afectiva con la
madre, caso raro en los autistas que por lo general no muestran
apego a nadie, demuestra un comportamiento social más
o menos normal. Bueno descubrió por casualidad el trastorno
de su hija, cuando buscaba una guardería infantil,
que resultó ser una escuela para niños especiales,
en donde la evaluaron.
Tres meses después, ya Anita había aprendido
a dominar sus esfínteres y a ir al baño y, aunque
no muy claramente, a hablar. "Me pide lo que quiere;
pero no es capaz de decirme cómo le fue en la escuela
o si alguien le hizo daño", cuenta Bueno.
Niños de cualquier origen étnico o sector de
la sociedad, pueden padecer autismo. Pueden ser hijos de ricos
y de pobres, de norteamericanos, hispanos, europeos, etc.,
de profesionales u obreros, de personas comunes y corrientes
o de conocidas personalidades.
Sin embargo, se presenta de dos a cuatro veces más
en varones que en hembras, y en la última década
parece haberse producido una "explosión"
del trastorno.
Según la revista Newsweek, el número de niños
que reciben servicios de salud por padecer autismo ha aumentado
nacionalmente en un 556 por ciento durante los años
90 y en California la incidencia de autismo se ha cuadriplicado
desde 1987. Actualmente se piensa que afecta a una de cada
500 personas.
Algunos científicos creen que se trata de una creciente
epidemia, mientras que otros ven en los altos números
una mayor conciencia de un problema que existia pero antes
se desconocia.
Reportes aislados del pasado indican manifestaciones de lo
que ahora se llama autismo, hace cientos de años. En
esos reportes se les calificaba como ninos salvajes, y se
creía que habían crecido con animales en los
bosques. Más tarde se confundieron los síntomas
con la esquizofrenia infantil o demencia precoz.
Los primero reportes clínicos en números significativos
de ninos que compartían un patrón común
de señales fueron hechos en 1943 por los psiquiatras
Leo Kanner, norteamericano de Baltimore, y Hans Asperger,
de Viena.
Debido a la diferencia de idiomas y al aislamiento de la comunidad
médica de habla alemana durante e inmediatamente después
de la II Guerra Mundial, el trastorno no comenzó a
ser más ampliamente conocido hasta los últimos
años de la década de 1970, y primeros de la
de 1980. Lorna Wing, psiquiatra infantil inglesa y madre de
un hijo autista, aunó los descubrimientos de Kanner
y Asperger en una influyente serie de reportes y artículos.
Kanner llamó a su síndrome "autismo infantil"
y Asperger "psicopatía autística"
(autismo se deriva de "autos", que en griego significa
"uno mismo). Las investigaciones realizadas en estas
dos décadas han arrojado alguna luz; pero el autismo,
sumido todavía en el misterio, continua planteando
más preguntas que respuestas.
No se sabe qué lo causa o si pudiera prevenirse. En
1985 el Dr. Eric Courchesne, del Neuropsychology Research
Laboratory del Children's Hospital Research Center, en San
Diego, CA., presentó la hipótesis de que un
daño en el cerebelo puede ser un rasgo común
en el autismo.
Al correr de estos años, un confiable número
de autopsias y reportes de Imágenes de Resonancia Magnética
de nueve labloratorios, incluyendo más de 240 casos
de autismo, han mostrado evidencias de anomalías en
el cerebelo. Esta ha sido la primera muestra anatómica
que respalda la amplia creencia médica de que el autismo
se desarrolla por múltiples causas. Unos expertos creen
que, aparte de la predisposición genética, podría
haber un "detonante" en el medio ambiente, o en
alguna sustancia a la cual está expuesto el niño
antes o después de su nacimiento, en el desarrollo
de un cierto número de casos.
Si hay sospechas de autismo, la Autism Society of America
(ASA), teléfono 1-800-3AUTISM, es un organismo confiable.
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